Compartir en
Únete a nuestro canal en WhatsApp
Noticias confiables y al instante, directo en tu celular.
Abrir WhatsApp
Este domingo, los ciudadanos de Ibagué y del Tolima tienen una oportunidad que no aparece todos los días: usar el voto para alterar un libreto político que lleva décadas repitiéndose.
No es un gesto simbólico. Es una decisión concreta.
En Colombia —y particularmente en el Tolima— la abstención es el mejor aliado de los políticos de siempre. Mientras la mayoría se queda en casa o descarga su indignación en redes sociales, las maquinarias hacen su trabajo con disciplina matemática: compran votos, movilizan clientelas y llenan las urnas con los mismos apellidos de siempre.
El negocio es simple.
Si la abstención supera el 50%, como suele ocurrir, a algunos políticos regionales les basta invertir entre $2.000 y $5.000 millones para asegurar entre 30.000 y 150.000 votos. Con esa base consiguen curules en el Congreso y luego comienza la verdadera recuperación de la inversión.
Desde el Capitolio gestionan burocracia, contratos y favores del gobierno de turno. La llamada “mermelada” hace el resto. Lo que comenzó como una inversión electoral termina multiplicándose en recursos públicos.
Ese ciclo se repite elección tras elección porque la mayoría de ciudadanos decide no participar.
Por eso este domingo importa.
Salga a votar. Lleve a su familia. Invite a sus amigos. Si simpatiza con alguno de los candidatos de las consultas presidenciales, pida el tarjetón correspondiente y participe. Cada voto cuenta, especialmente cuando se enfrenta a estructuras políticas acostumbradas a operar en medio de la apatía ciudadana.
El Tolima necesita romper el círculo
Durante años, el poder regional ha estado dominado por clanes políticos que convierten los cargos públicos en plataformas de influencia y contratación. Herederos de estructuras que han gobernado con los mismos métodos y los mismos apellidos.
Hoy muchos ciudadanos critican esas prácticas en redes sociales. Denuncian el clientelismo, el nepotismo, la corrupción. Pero la política no cambia en los comentarios de Facebook ni en los hilos de X. Cambia en las urnas.
El voto masivo es la única herramienta real para alterar las cuentas de quienes creen que ya tienen asegurados los resultados.
Si miles de ciudadanos que normalmente se abstienen deciden votar, las matemáticas de las maquinarias dejan de funcionar.
En el Tolima hay nombres que han concentrado poder durante años: estructuras políticas asociadas a Andrés Hurtado, Óscar Barreto y Mauricio Jaramillo han dominado buena parte del escenario regional.
Este domingo, los ciudadanos pueden enviar un mensaje claro: el poder no es hereditario y el voto no es propiedad de ninguna familia política.
Pero ese mensaje solo se escucha si la gente participa.
No basta con indignarse. No basta con quejarse.
La democracia exige algo más sencillo y más poderoso: salir de casa, marcar un tarjetón y depositarlo en una urna.
Si usted quiere que la política cambie, empiece por votar. Y convenza a otros de hacer lo mismo.
Porque el domingo, más que una elección, el Tolima tiene una prueba de ciudadanía.
Apunte final: Ojalá reelijan a los representantes a la Cámara Martha Alfonso y Carlos Edward Osorio. Fueron los únicos juiciosos, estudiosos y comprometidos en su gestión legislativa.
Únete a nuestro canal en WhatsApp
Noticias confiables y al instante, directo en tu celular.
Abrir WhatsAppLeer más de
Editorial
